Vivir
con ellas no tiene que limitar las actividades cotidianas si se sigue una
terapia adecuada formada por una alimentación sana y la práctica de ejercicio
físico adecuado.
Las enfermedades reumáticas engloban distintos procesos inflamatorios de las articulaciones, músculos, huesos, tendones y ligamentos que provocan dolor, limitación de su normal funcionamiento y deformación de las estructuras músculo esqueléticas en los peores casos.
Están asociadas al proceso de envejecimiento aunque su aparición se puede ralentizar a través de un estilo de vida saludable.
Entre las dolencias más comunes que causan el reuma están la artritis reumatoide y la artrosis. En la artritis el sistema inmunitario ataca a las propias articulaciones provocando su inflamación.
La artrosis se caracteriza por el desgaste de las superficies cartilaginosas de una o varias articulaciones. Es habitual en casi el 50% de los mayores de 50 años y llega hasta al 80% en los mayores de 60 y las articulaciones que se ven más afectadas son las rodillas, caderas y hombros.
BENEFICIOS DEL EJERCICIO.
Padecer enfermedades reumáticas obliga a limitar los esfuerzos físicos demasiado intensos como cargar objetos pesados, desempeñar actividades laborales que exigen movimientos que usan en exceso la articulación de forma repetitiva o realizar deportes de contacto.
Aún así, un ejercicio moderado acorde a la edad y la evolución de la enfermedad, como el caminar, montar en bici o nadar, contribuye a reducir el hinchazón y dolor, mejora la flexibilidad y alineación de las articulaciones y evita su rigidez, fortalece huesos, cartílagos y los músculos que rodean las articulaciones, mantiene el peso saludable y ayuda a reducir el esfuerzo que deben hacer las articulaciones que sostienen las caderas y rodillas.
EL PAPEL DE LA ALIMENTACIÓN.
Estas enfermedades se asocian a déficits de minerales como el magnesio, cobre o zinc y vitaminas como la A, E, D, B2 y los folatos.
Una dieta variada, con ausencia de alimentos inflamatorios y el uso cocciones ligeras suele provocar una mejoría notable en la calidad de vida del reumático al disminuir la inflamación.
ALIMENTOS ALIADOS.
ALIMENTOS RICOS EN GRASAS OMEGA-3.
Estas grasas reducen la inflamación de las articulaciones.
Las encontramos en los pescados azules como la sardina o el atún y en aceites vegetales como el de linaza, cánola, nuez, soja, germen de trigo y avellana.
FRUTAS, FRUTOS SECOS Y SEMILLAS.
Las frutas aportan antioxidantes que neutralizan el daño que los radicales libres ejercen sobre las articulaciones, los frutos secos vitamina E, selenio y calcio y las semillas de lino y sésamo grasas omega-3.
CEREALES INTEGRALES.
Los cereales integrales aportan fibra, selenio y vitaminas del grupo B.
VERDURAS Y HORTALIZAS.
Contienen vitamina C, betacarotenos, ácido fólico y calcio.
Se deben evitar las cocciones que provocan la pérdida de nutrientes, por eso se aconseja tomarlas en forma de ensalada o zumo.
ALIMENTOS ENEMIGOS.
El consumo de algunos alimentos se debe limitar por sus efectos inflamatorios sobre las articulaciones. Ayuda a aliviar el dolor una alimentación vegetariana.
LOS RICOS EN GRASAS SATURADAS.
Las grasas saturadas presentes en las carnes grasas y embutidos, la mantequilla, la bollería industrial o la leche entera contribuyen a agravar la inflamación.
LOS RICOS EN OXALATOS.
Los oxalatos presentes en las espinacas o las remolachas impiden la absorción de minerales como el calcio y se depositan en forma de cristales dañándolas.
LOS RICOS EN PURINAS.
Las purinas se encuentran en las vísceras y carnes rojas y se convierten en ácido úrico. Cuando los niveles de este sobrepasan la normalidad aumenta el riesgo de padecer gota.
LA SAL Y LOS AZÚCARES SIMPLES
Su disminución se relaciona con mejoras en los síntomas.
EL ALCOHOL.
Produce debilitamiento de los huesos y aumenta el riesgo de osteoporosis.
LOS VEGETALES SOLONÁCEOS.
Los tomates, patatas, los pimientos o berenjenas contienen solanina, una toxina que actúa sobre los enzimas formadores de los músculos aumentando la inflamación y causando dolor.
Las enfermedades reumáticas engloban distintos procesos inflamatorios de las articulaciones, músculos, huesos, tendones y ligamentos que provocan dolor, limitación de su normal funcionamiento y deformación de las estructuras músculo esqueléticas en los peores casos.
Están asociadas al proceso de envejecimiento aunque su aparición se puede ralentizar a través de un estilo de vida saludable.
Entre las dolencias más comunes que causan el reuma están la artritis reumatoide y la artrosis. En la artritis el sistema inmunitario ataca a las propias articulaciones provocando su inflamación.
La artrosis se caracteriza por el desgaste de las superficies cartilaginosas de una o varias articulaciones. Es habitual en casi el 50% de los mayores de 50 años y llega hasta al 80% en los mayores de 60 y las articulaciones que se ven más afectadas son las rodillas, caderas y hombros.
BENEFICIOS DEL EJERCICIO.
Padecer enfermedades reumáticas obliga a limitar los esfuerzos físicos demasiado intensos como cargar objetos pesados, desempeñar actividades laborales que exigen movimientos que usan en exceso la articulación de forma repetitiva o realizar deportes de contacto.
Aún así, un ejercicio moderado acorde a la edad y la evolución de la enfermedad, como el caminar, montar en bici o nadar, contribuye a reducir el hinchazón y dolor, mejora la flexibilidad y alineación de las articulaciones y evita su rigidez, fortalece huesos, cartílagos y los músculos que rodean las articulaciones, mantiene el peso saludable y ayuda a reducir el esfuerzo que deben hacer las articulaciones que sostienen las caderas y rodillas.
EL PAPEL DE LA ALIMENTACIÓN.
Estas enfermedades se asocian a déficits de minerales como el magnesio, cobre o zinc y vitaminas como la A, E, D, B2 y los folatos.
Una dieta variada, con ausencia de alimentos inflamatorios y el uso cocciones ligeras suele provocar una mejoría notable en la calidad de vida del reumático al disminuir la inflamación.
ALIMENTOS ALIADOS.
ALIMENTOS RICOS EN GRASAS OMEGA-3.
Estas grasas reducen la inflamación de las articulaciones.
Las encontramos en los pescados azules como la sardina o el atún y en aceites vegetales como el de linaza, cánola, nuez, soja, germen de trigo y avellana.
FRUTAS, FRUTOS SECOS Y SEMILLAS.
Las frutas aportan antioxidantes que neutralizan el daño que los radicales libres ejercen sobre las articulaciones, los frutos secos vitamina E, selenio y calcio y las semillas de lino y sésamo grasas omega-3.
CEREALES INTEGRALES.
Los cereales integrales aportan fibra, selenio y vitaminas del grupo B.
VERDURAS Y HORTALIZAS.
Contienen vitamina C, betacarotenos, ácido fólico y calcio.
Se deben evitar las cocciones que provocan la pérdida de nutrientes, por eso se aconseja tomarlas en forma de ensalada o zumo.
ALIMENTOS ENEMIGOS.
El consumo de algunos alimentos se debe limitar por sus efectos inflamatorios sobre las articulaciones. Ayuda a aliviar el dolor una alimentación vegetariana.
LOS RICOS EN GRASAS SATURADAS.
Las grasas saturadas presentes en las carnes grasas y embutidos, la mantequilla, la bollería industrial o la leche entera contribuyen a agravar la inflamación.
LOS RICOS EN OXALATOS.
Los oxalatos presentes en las espinacas o las remolachas impiden la absorción de minerales como el calcio y se depositan en forma de cristales dañándolas.
LOS RICOS EN PURINAS.
Las purinas se encuentran en las vísceras y carnes rojas y se convierten en ácido úrico. Cuando los niveles de este sobrepasan la normalidad aumenta el riesgo de padecer gota.
LA SAL Y LOS AZÚCARES SIMPLES
Su disminución se relaciona con mejoras en los síntomas.
EL ALCOHOL.
Produce debilitamiento de los huesos y aumenta el riesgo de osteoporosis.
LOS VEGETALES SOLONÁCEOS.
Los tomates, patatas, los pimientos o berenjenas contienen solanina, una toxina que actúa sobre los enzimas formadores de los músculos aumentando la inflamación y causando dolor.